Habitar el confín

«La lámpara en la ventana es el ojo de la casa». Gaston Bachelard La obra Plomada se realizó por primera vez como una intervención in situ en la Galería Permanente, ubicada en una casa reformada de un sector de Bogotá con arquitectura patrimonial que está desapareciendo paulatinamente con el agresivo desarrollo urbano. El gesto propone una especie de auscultación del espacio entre la «dermis» y la «epidermis» de la casa, evocando memorias acumuladas o un futuro incierto. Esta obra plantea un relato sobre la emergencia del habitar en el marco de las tensiones presentes en las urbes latinoamericanas. En esta exposición, Plomada establece una conexión con el video Frontera y la serie de fotografías Umbral en cuanto plantean una revisión del intersticio, del espacio que se abre o permite el habitar fluctuante de la luz; ese lugar «entre» donde se evidencia la fragilidad del límite.

Melissa Aguilar .A Exposición/ Contingente Habitar el confín IRD Banco de la República

Habitar el confín

https://www.banrepcultural.org/exposiciones/imagen-regional-destacados/fredy-alzate

Curaduría de Melissa Aguilar

La contingencia suele referirse a la probabilidad de un suceso. Sin la certeza de que ocurra, lo contingente vacila entre lo posible y lo improbable, una suerte de lugar quimérico gobernado por la incertidumbre del tiempo. La contingencia también hace referencia a lo que no es necesario ni imposible, a lo que puede ser… o no. Pero en particular, la contingencia nos enfrenta al hecho de que el orden y el equilibrio son estados excepcionales en nuestro entorno.

En este orden de ideas, Fredy Alzate ha entendido que el arte, como profesión y como objeto de conocimiento, opera en entornos dinámicos, inestables e impredecibles, en entornos contingentes. De ahí que sus estrategias y lenguajes se anticipen a la catástrofe y al derrumbe de la ciudad real. Restos, reductos, fragmentos, al igual que vestigios que se ensamblan o apilan en la pintura y el bricolaje, encuentran su potencia expresiva en la metáfora de arquitecturas singulares, empíricas y traslúcidas, amenazantes y desafiantes de la gravedad.

Tal vez el rasgo más sobresaliente al revisar su trabajo radica en la problematización de la habitación y la apropiación del medio en la ciudad periférica, lo que pone en tela de juicio los modelos proyectuales oficiales heredados de la modernidad, los cuales han fracasado tanto para garantizar el crecimiento sostenible de las urbes contemporáneas, como para asegurar la inclusión y la existencia digna de sus habitantes. Las grandes zonas de la periferia se han convertido en lugares de confinamiento para una parte importante de la población que va creciendo al margen de la metrópoli normatizada, excluida no solo de las regulaciones territoriales sino también de sus posibilidades de bienestar.

La realidad es que en las ciudades latinoamericanas muchos de sus habitantes viven en un medio desprovisto de los medios, algo que acuciosa e incisivamente señala el artista, por un lado, desde la referencia a una realidad directa que capta a través de la reproducción reinterpretada de topografías, artefactos y estructuras frágiles e improbables, y por otro lado, mediante la recreación de unas arquitecturas imaginadas, representaciones de ruinas ficcionales pero posibles en las que estos territorios, que se configuran siempre entre el cálculo y la fantasía, devienen en reductos a la espera de la fractura.

Esta muestra reúne una sucinta selección de trabajos que dan cuenta no solo de la diversidad de medios y lenguajes de los que se vale Alzate en la formalización de sus obras, sino de algunos de los intereses más recurrentes que aborda desde comienzos del 2000. Especialmente, interesa aquí poner en diálogo una serie de piezas que hacen referencia a la fragilidad e inestabilidad de las formas de habitación en la ciudad periférica: precarias, vertiginosas, invasivas. Territorios que se viven en forma contingente, así como sus construcciones transgresoras que entre arquitectura vernácula y paisaje distópico permanecen en perpetuo estado de devenir, en constante desafío a la probabilidad del desplome. Cimentada en el desecho, en los sobrantes de la ciudad regulada, su obra construye un nuevo paisaje —catastrófico, tenso, fronterizo, residual— que enfrenta sin anécdota o ingenuidad las condiciones directas de la realidad.

Esta exposición hace parte del capítulo “destacados” de Imagen Regional, uno de los programas de promoción de arte emergente del Banco de la República. La versión de este año de Imagen Regional presentará cuatro exposiciones monográficas en los centros culturales del Banco en Manizales, Medellín, Pasto y Santa Marta.

Melissa Aguilar. Investigadora y curadora independiente

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